ONE DAY AT A TIME
Cuando se vive en dictadura es difícil mantener una distracción.
La felicidad es costosa, imposible en algunos casos, pero siempre seguimos
intentando. Para quienes no podemos ya costearnos salidas vespertinas entre
amigos, por donas o cafés, nos queda una última alternativa desesperada por
mantener el estilo bohemio de la juventud. Netflix, a toda hora, en todo
momento, en cualquier lugar. Hasta que falle la conexión a internet, en mi
caso, el ochenta por ciento del tiempo. Pero el otro veinte lo invierto en
pequeños sitcoms que me ayudan a olvidar la tragedia que nos gobierna y de vez
en cuando me sacan una carcajada.
Netflix tiene esa particularidad de conocernos mejor que
nuestra propia familia, llego a pensar que me aprecia más que muchos que se
jactan de conocerme y haber compartido bastante rato conmigo. Una tarde
hurgando entre las posibilidades de tomarme una corta temporada de cualquier
cosa que me ayudara a olvidar un rato mi realidad, mi nuevo mejor acompañante
me lanzó en la pantalla principal una sugerencia que le agradezco todos los
días.
ONE DAY AT A TIME, un sitcom sobre una familia de orígenes cubanos,
que muestra lo ameno y cálido de pertenecer a la comunidad latina y los atropellos
y dificultades que deben enfrentar los outsiders dentro de una sociedad tan
racista y divisionista como la norteamericana, en especial en estos tiempos,
donde la consigna está hecha de muros y patriotismo que raya en el nacionalismo
enfermo e irritante.
No es una idea original de Netflix, es un remake de la serie
homónima de 1975, con ciertas diferencias y un poco más de drama. Y no, no
tiene nada que ver con aquella historia.
Penélope, una madre que acepta el desafío de criar a sus dos
hijos por su cuenta, Alex y Elena luego de lidiar con un divorcio causado por
el estrés postraumático que deja la guerra a quienes se apuntan en el ejército
estadounidense, afectando hasta la perdición
en el alcohol a su esposo y dejando secuelas depresivas en ella misma, enfrentándola
además a su católica y muy muy cubana madre, Lydia.
La serie se centra en la convivencia de Penélope con sus dos
hijos, su madre y su particular vecino Schneider; en las significantes
enseñanzas que contiene cada episodio. Una capsula de realidad en dos
temporadas de trece episodios cada una, el número favorito de Netflix, me
parece. Alardean ya en su perfil que en el 2019 habrá una tercera. Fair enough.
El reparto tiene una química envidiable y la actuación de
Rita Moreno es clave para agregarle sabor a esta comedia de situación que a mi
parecer, pese a las críticas positivas, ha pasado por debajo de la mesa.
En fin, me tomé la libertad de hablar un poco sobre ella
para que otros puedan disfrutar de los gramos de felicidad que guarda esta joya
de la televisión de estos tiempos. Es la desventaja que puedo encontrar en
Netflix, si no es muy popular el producto, se queda escondido en un estante
donde sólo podrá encontrarla el olvido. No dejen morir esta serie, véanla, disfrútenla,
y vivan un día a la vez. Yo aún lo estoy intentando.
Fotografía: IMDB

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